Archivo mensual: enero 2013

La verdadera vida de un escritor

Retrato de un estudioso. Rembrandt.

Muchas personas que escriben no se atreven a llamarse a sí mismos “escritores” hasta haber publicado algo, tal vez una novela, y recibido por lo menos algunos elogios de la crítica.

Pero la verdad es que la mayoría de los que se meten en el mundo de la escritura nunca llegarán a ese punto. De hecho, la mayoría nunca va a terminar una novela, aún menos conseguir publicarla. Y esto significaría que sólo unos pocos podrían llamarse a sí mismos, con razón, escritores.

Sin embargo, mis requisitos para considerarse escritor son mucho menos rigurosos: si usted escribe con regularidad, aspira a publicar su trabajo y está al tanto de la mecánica básica de contar historias y del periodismo, entonces usted puede unirse a mi club de escritores.

Pero antes de que se emocione, la verdad es que la vida del escritor es muy poco glamurosa y consiste, en muchos casos, en encerrarse a solas en una habitación con un ordenador, trabajando en algo que no más de cinco o seis personas van a leer.

Mientras que los músicos pueden atraer a amantes potenciales con unos acordes de guitarra y unas letras de canción que apenas recuerdan, contarle a alguien la trama de su best-seller inacabado probablemente resultará en un bostezo y en que nuestro escritor coja un autobús a casa antes de lo esperado.

Muchos psicólogos ven la escritura como una “necesidad de control”, un vano intento de poner el mundo el orden representándolo de forma lineal y textual. o Personalmente, nunca he pensado en ello de esta manera. De hecho, nunca me he puesto a analizar por qué lo hago. Sólo sé que tengo que hacerlo y que nunca voy a dejarlo. ¡Fin de la historia!

En este momento estoy escribiendo mi primera novela. La experiencia me ha dado una comprensión de los procesos de escritura de textos más extensos, así como una admiración total por cualquier persona que pueda terminar de escribir una novela. No importa lo buena o mala que sea la novela acabada, sigue siendo más de lo que yo he logrado hacer hasta ahora.

Es escribiendo una novela cuando te das cuenta de que, al escribir una novela, lo que realmente estás haciendo es aprender a escribir novelas. Por eso, necesite o no al final una reescritura total, el tiempo invertido en ella no habrá sido en vano.

Un amigo mío hace violines. Ha terminado seis violines hasta la fecha y sólo ahora cree estar empezando a conseguir la técnica adecuada. ¡Después de seis violines! Del mismo modo, creo que me va a llevar una o dos novelas entender y perfeccionar el proceso de escritura, que es en sí un 99% de transpiración.

El otro uno porciento es la fuerza de voluntad para no darse por vencido.

Tuerto 9

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