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El programa hermafrodita

“¿Sabes qué?”, dijo un colega de fútbol mientras bebíamos en el bar hace un año, “Esta cerveza contiene estrógeno, la hormona femenina, y es por eso que muchos hombres tienen ‘tetas de macho’, ‘tripas cerveceras’ y en general ponen peso en las mismas partes del cuerpo que las mujeres.” “Pues, amigo”, le respondí sardónicamente, “como la mayor parte del equipo tiene cuerpos bastantes curvilíneos y todos beben cerveza de barril, esa noticia no me sorprende mucho.”

En cualquier caso, la semana después de aquella conversación estaba navegando por internet y decidí investigar la idea de que los hombres podrían transformarse en mujeres (dentro de unos límites) por tomar estrógeno. Así fue como en muy poco tiempo encontré la información deseada: el estrógeno es suministrado medicamente a hombres que quieren ser mujeres, para hacer que crezcan sus pechos. Tras descubrir esto, lo siguiente era preguntarse en cuáles de las cosas que comemos y bebemos se encuentra estrógeno y si lo hay en medidas suficientes como para modificar nuestros sexos.

Inspeccioné muchas listas de las cosas cotidianas que contienen estrógeno y parece que la comida con un índice más alto es la soja. El problema no es sólo que la soja contenga un tipo de estrógeno que se llama fitoestrógeno (que se encuentra en algunas plantas y funciona como estrógeno), sino que casi toda la comida procesada contiene soja, especialmente la leche de soja.

Según ciertos estudios, en las mujeres el fitoestrógeno causa supresión de tiroides y desajustes mentruales (esto último con solo dos vasos de leche de soja al día); en los hombres provoca reducción de testosterona y feminización (con medio vaso de leche de soja al día – 22mg de proteína de soja). En 1992, el Servicio de Salud de Suiza publicó un estudio afirmando que 100mg de proteína de soja son equivalentes a una pastilla anticonceptiva (que está compuesta de estrógeno).

La mayoría de productos de soja para bebés contiene en su cantidad diaria recomendada (CDR) el equivalente en estrógeno a diez pastillas contraceptivas para una mujer adulta. En bebés varones que se encuentran en su primer año de vida este nivel de estrógeno actúa como supresor de la testosterona que necesita para desarrollar eficazmente sus rasgos masculinos.

El segundo estrógeno sintético omnipresente es el Bisfenol A (BPA) creado por A. P. Dianin en 1891. El BPA fue investigado en los años treinta mientras algunos científicos buscaban estrógenos sintéticos, pero fue rechazado porque encontraron otro más fuerte: el diethylstilbestrol (usado mucho con ganado). Hoy en dia se usa BPA como un polímero primario en plásticos policarbonatos y resinas epoxi. Los policarbonatos son usados en muchos productos de consumo habitual, incluyendo gafas del sol, CDs, contenedores de agua, cerveza y comida y también en algunos empastes dentales. Las resinas epoxi que contiene BPA son utilizadas como aislantes de las latas de comida, para prevenir oxidación.

El problema con el BPA es que migra del plástico a la comida, el agua o lo que sea que esté tocando, y así es como entra en el cuerpo humano. Hay mucho debate entre los científicos sobre la cantidad que alcanza a nuestra comida y los niveles que serían seguros para el consumo humano. Lo cierto es que si se trata de un químico que puede afectar la sexualidad de los seres humanos, sería mejor no consumirlo sin saber a ciencia cierta cómo de peligroso es. Y si está en la comida, el agua y la cerveza, ¿cómo sabemos cuánto tomamos cada día?

Otra fuente de estrógeno son los campos eléctricos de baja frecuencia, los cuales existen en casi todos los edificios de nuestras ciudades europeas, porque la frecuencia ideal para provocar la producción de estrógeno en el cuerpo humano es de 50 hercios, la frecuencia universal en la Unión Europea. Según las investigaciones de Fidel Franco, doctor en Ciencias Físicas de la universidad de Barcelona, los campos electrónicos de baja frecuencia de la red eléctrica, de 50 hercios, tienen efectos negativos en las personas, como la “activación de hormonas femeninas”. Franco afirma que en las mujeres eso podría producir una hiper-feminización, mientras que en los hombres puede producir desde un incremento de la esterilidad hasta una tendencia a la homosexualidad. Asimismo, es posible que incremente la tendencia a la obesidad (ahora ya no tiene gracia, ¿no?)

En la misma línea ¿sabéis que casi la mitad de los peces macho de los ríos británicos ha cambiado de sexo y ahora son hembras? Todo por culpa de las grandes cantidades de químicos con estrógenos que son vertidos en el agua. De hecho, según 54 estudios con cuarenta animales (desde el oso polar hasta el caimán y humanos incluídos) publicados en 2008 y cubiertos brevemente por el Independent.co.uk, el mundo se está feminizando. En el Independent.co.uk culpan a los químicos comunes y pesticidas que tienen efectos “feminizantes”, pero no dicen nada del BPA y la soja ni de los campos electrónicos de baja frecuencia. Y no encontré mención de este problema de feminización catastrófico en los periódicos o canales de televisión de España, aunque tampoco había mucha mención del tema en la prensa mundial. De hecho,  considerando la magnitud del problema, podría decirse que está siendo ignorado deliberadamente.

Así es como he llegado a la siguiente pregunta: ¿ se trata de un accidente o hay un plan aquí? Bueno, realmente no sé la respuesta a esa pregunta, aunque tenga mis sospechas: como tantos de los líderes del mundo desde los días de Tomas Malthus nos han hablado de los problemas de superpoblación humana, quizá tenga algo que ver con esto. Además parece que los hombres que han sido expuestos a altos niveles de estrógeno tienen más probabilidad de quedarse estériles.

De hecho, un estudio en el British Medical Journal de 1992 encontró que los hombres de los países occidentales producían la mitad de esperma que sus abuelos cuando tenían su edad. El estudio examinó 61 estudios diferentes sobre la cantidad de esperma de hombres en muchos países diferentes y concluyó que habían sufrido una disminución del 42% en la cantidad media de esperma (113 a 66 millones por mililitro). Por otro lado,  el volumen medio de semen había disminuido 3.4ml a 2.75ml desde 1940. En total, el hombre medio ha perdido el 53% de su producción de esperma en 50 años. Quizá sea por eso que hay muchas parejas gastándose un pastón en tratamientos IVF fertilizantes.

Pues aquí estamos en el siglo XXI con la moda de metrosexual que puede ser interpretada como una forma de celebrar la feminización de los hombres. ¿Qué vino primero, la feminización o la moda? Empezamos con “mariconeras” o bolsos para hombre y vamos hacia faldas, depilación corporal y el maquillaje. Es interesante que los gnósticos de antigüedad pensaran que el humano perfecto sería mujer y hombre a la vez. Incluso luminarias celebrados como Leonardo da Vinci también jugaban con esta idea (mucha gente cree que la Gioconda es un autorretrato de da Vinci como mujer). Quizás la mezcla de los sexos es una idea muy noble: juntar las dos partes de la naranja. Pero si este sueño se realiza, la realidad podría ser monstruosa: obesidad, esterilidad y crisis de identidad. Y cuando digo esto, te juro que no estaba pensando solamente en mi equipo de futbol.

Tuerto 9

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