Archivo de la etiqueta: Psicología de masas

Homo Predicibilis o Del control a través de la telefonía móvil

Ovejas predeciblesSi hay una cosa que los monstruos orwellianos del control odian es la imprevisibilidad. Las personas impredecibles les dan miedo  simplemente porque, por definición, nunca se sabe lo que van a hacer a continuación. Imagínate si estuvieras tratando de controlar a setenta millones de ellos: estarías del todo petrificado continuamente.

El deseo del Estado por conseguir la previsibilidad en sus ciudadanos es una de las razones por las que tenemos una sociedad homogeneizada. El sistema educativo -como Pink Floyd nos muestra en su película The Wall- pasa a las personas por una picadora para que salga por el otro extremo una masa mal definida. La televisión procura que la nación comparta muchos recuerdos de infancia y que crezcamos juntos mirando la misma selección limitada de noticias y opinión.

La industria de la moda en conjunción con la industria musical dirige a la gente, creando corrales de ovejas generacionales. Estamos moldeados como los hombres de pan de jengibre para reducir la diversidad de la experiencia humana y por lo tanto reducir el factor de imprevisibilidad.

Incluso la presunta contracultura es producida en masa. Como el comediante Steve Martin solía decir: “Todos los inconformistas decid después de mí …”. Y con ironía similar el sistema ofrece a aquellos que no encajan fácilmente en la cultura dominante una opción alternativa: la Nueva Era, el Che Guevara, Emo, lo que sea. Sólo tienes que elegir entre una gama de rebeliones prêt-à-porter; cada una viene con su propia banda sonora, ideología, uniforme y posición política.

Y es que hay muchas trampas en el camino de convertirse en un individuo, y la mayoría de ellas son establecidas por el estado tecnocrático de control actual. Mientras nos pueda mantener como seguidores / consumidores y controlar lo que seguimos /consumimos, podrá predecir más o menos qué tipo de persona vamos a ser y dónde vamos a estar en un momento dado.

Después de todo, el estado tiene acceso a nuestros correos electrónicos, registros de búsqueda, registros escolares, registros médicos, facturas de tarjetas de crédito, cuentas bancarias, tarjetas telefónicas, sitios de redes sociales y mensajes de texto.

También sigue nuestros movimientos a través de cámaras de seguridad o usando nuestros teléfonos móviles como un GPS. Diversos estudios llevados a cabo sobre una ciudadanía desprevenida en el Reino Unido y los EE.UU. han revelado que somos en verdad muy predecibles. El profesor de física Albert-László Barabási, director del Northeastern’s Center for Complex Network Research, descubrió tras del seguimiento de 100.000 teléfonos móviles elegidos al azar que existe una tasa de previsibilidad del 93% de los movimientos de los ciudadanos.

“Hay una gran ausencia de personas espontáneas” – dictaminó Barabási- . “A pesar de las diferencias significativas en los patrones de viaje, se ha descubierto que la mayoría de las personas son igualmente predecibles. La previsibilidad representa la probabilidad de que se pueda prever el futuro paradero de un individuo dentro de una hora, basándonos en su trayectoria anterior”.

Como esto demuestra, se está monitoreando los latidos del corazón de la población urbana a través de las estadísticas a gran escala. Los signos vitales que están buscando son el consumo de la cultura y la previsibilidad. La solución que hemos hallado en el País de los Ciegos para contrarrestar los movimientos del estado orwelliano es la de reducir drásticamente el uso de teléfonos móviles.

Básicamente, utiliza la tecnología del móvil para tu provecho cuando sea necesaria y cuando no te importe ser interrumpido; de lo contrario, apágalo y mételo en el cajón, o saca la batería y guárdalo en su funda. Lo óptimo sería sacar la batería cada vez que se pueda, ya que incluso cuando el teléfono está apagado sigue transmitiendo nuestra localización en la red.

Los cambios a pequeña escala son importantes y marcan la diferencia. La acción tiene que comenzar en alguna parte.

Tuerto 9

Anuncios

El Lenguaje Crepuscular – Twilight Language

El lenguaje crepuscular (del inglés Twilight Language) es una manera de comunicarse que es polisémica, con múltiple significados. Se usa para transmitir mensajes secretos en libros, artículos, películas, pinturas, nombres, etc., que solo los iniciados pueden ver. En resumen, es un sistema de comunicarse con dos o más públicos al mismo tiempo en el que la mayoría de la gente no conoce los otros significados ocultos que están siendo transmitidos.

El lenguaje crepuscular tiene sus orígenes en el hinduismo y budismo, pero también es empleado en la Cábala, la masonería y, en realidad, por cualquier otro grupo o individuos que quieran esconder sus mensajes secretos a plena vista. También se podría decir que los que se dedican al márqueting y a la publicidad usan un tipo de lenguaje crepuscular en forma de símbolos y PNL (programación neurolingüística) que se dirige directamente al subconsciente del público.

Uno de los tipos del lenguaje crepuscular es la numerología. Si cogemos los números que hay en la fecha de los ataques del once de setiembre, 9/11, en numerología se separan los números en 9, 1,1 y se los suma para conseguir once. El número once en la Cábala significa un nuevo comienzo porque los procesos de la vida se estructuran en grupos de diez, por lo tanto once es como el número uno, el nuevo principio. Curiosamente las torres gemelas se parecían a un 11. Además los números 9,1,1 tienen otro significado en los Estados Unidos, donde el 911es el número telefónico de urgencias, como lo es el 112 en España. En inglés en vez de “urgencias” se usa la palabra “emergency” . “Emergency” – que significa emergencia- contiene la palabra “emerge” – igual en español- que significa “aparecer”. “Emergency” es el acto de aparecer en un momento concreto. ¿Y qué apareció aquel día?

Quizá fuera el principio de un nuevo orden mundial. Eso lo digo porque exactamente once años antes de los ataques del once de setiembre del 2001, George Bush Senior (Papa Bush) dio su famoso discurso sobre el Nuevo Orden Mundial ¡También sucedió el once de setiembre, y esta vez en 1990! ¡Vaya casualidad! ¿Y quién estuvo detrás de los ataques del once de setiembre según fuentes oficiales? Exacto, era el malo unidimensional de la película, Osama Bin Laden. Ya hemos oído hablar mucho de él y ya estamos hartos de la repetición incesante de su nombre, pero quizá se tenga que recordar al público de vez en cuando por qué hemos estado pasando por encima de los derechos humanos y por qué estamos torturando a gente en países islámicos y haciendo la guerra a Irak, Afganistán y Pakistán.

Al inconsciente colectivo se le tiene que recordar que es por culpa de los malos como Osama Bin Laden y Saddam Hussein. Con el lenguaje crepuscular podemos recordárselo a las masas subconscientemente y superar la necesidad de tener que repetir mil veces sus nombres. Podemos tomar por ejemplo el nombre de presidente de los EEUU, Barack Hussein Obama. Sorprende a mucha gente saber que Obama no siempre ha usado este nombre. De hecho su nombre previo era Barry Soetoro. Se sabe que se lo cambió durante sus estudios en la Universidad Occidental. De todas formas, su nombre actual, Barack Hussein Obama, es posiblemente otro ejemplo de lenguaje crepuscular usado como recordatorio de los malos Saddam Hussein y Osama Bin Laden. Obviamente Hussein hace pensar en Saddam Hussein y Obama en Osama Bin Laden, pero fijaos que también tenemos el nombre del vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden:

O b a m a

                                       B i          d e n

O s a m a                    B i n L a d e n

Lo bueno del lenguaje crepuscular para los que lo usan es que se puede denegar su existencia fácilmente y marcar a los que intentan descifrarlo como paranoicos obsesivos. Y quizá en muchos casos tengan razón. En mi opinión, el truco para no volverse loco con el lenguaje crepuscular es aprender a separar los mensajes secretos de las extrañas casualidades. Yo, por ejemplo, no tengo ni idea de cómo hacer eso.

Tuerto 9

Premio Nobel de la Comedia

Las raíces de esta dictadura científica en la que vivimos se encuentran en los libros y ensayos de varios filósofos, escritores e intelectuales británicos del siglo XX.

Personas como Aldous Huxley, H.G. Wells y Bertrand Russell, a menudo vistos erróneamente como defensores de los oprimidos, escribían y hablaban entusiastamente sobre sus ideas para controlar la sociedad usando drogas y el condicionamiento de Pavlov, estando la mayor parte de esto escondido a plena vista en publicaciones y lugares donde ellos pensaban que el público en general no lo encontraría.

A continuación incluyo algunas citas de Bertrand Russell. Primero,  de su libro “The Scientific Outlook” (La Perspectiva Científica) editado en 1931. Lo que dice en él es bastante sorprendente:

“Las sociedades científicas están todavía en pañales. Con el avance de la psicología y la fisiología se espera que los gobiernos tengan más control del que ya tienen sobre la mentalidad individual, incluso en los países totalitarios. Como Fitche explicó, la educación escolar debería tener el objeto de destruir la voluntad libre, para que los estudiantes, después de dejar el colegio y durante el resto de sus vidas, sean incapaces de pensar o actuar de una manera contraria a la esperada por sus profesores.”

“Dieta, inyecciones y órdenes se combinarán, desde una edad muy temprana, para producir el tipo de personalidad y creencias que las autoridades consideren deseables, y cualquier crítica grave a los poderes será, de hecho, psicológicamente imposible.”

No es de extrañar que ya en los años 30 hablara de la idea de vacunar a los niños para convertirlos en ciudadanos modelos, y que hoy en día los bebés de dieciocho meses sean vacunados con múltiples inyecciones que contienen mercurio y aluminio.

En su libro “The Impact of Science on Society” (El Impacto de la ciencia sobre la sociedad), editado en 1951, Russel fue más cándido:

“La fisiología y la psicología nos abren campos de técnica científica en los que solo falta desarrollo. Dos hombres magníficos, Pavlov y Freud, han puesto ya los cimientos.  Y no acepto la idea de que estén esencialmente en conflicto, aunque haya dudas sobre lo que se puede construir encima de esos cimientos que han puesto. Creo que la materia que será más importante políticamente es la psicología de masas… Su importancia ha aumentado enormemente gracias a los métodos modernos de propaganda. De ellos, el más influyente es lo que llamamos “educación escolar”. La religión tiene su papel, pero está disminuyendo; la prensa, el cine y la radio tienen un rol cada vez más destacado… Se espera que dentro de un tiempo cualquier persona sea capaz de convencer a cualquier otra de cualquier cosa, siempre y cuando se pueda empezar con el paciente cuando es joven y  el gobierno provea la financiación y el equipo necesarios.”

“La disciplina progresará más rápidamente cuando esté bajo los auspicios de una dictadura científica… Los psicólogos sociales del futuro tendrán varias clases de alumnos en los que podrán intentar producir, con métodos diferentes, la fuerte convicción de que la nieve es negra.  Pronto llegarán a varios resultados. Primero, que la influencia del hogar es obstructiva. Segundo, que no se puede hacer mucho si el adoctrinamiento no empieza antes de los diez años.  Tercero, que las directrices a las que se les pone música y son cantadas resultan muy efectivas.  Cuarto, que opinar  que la nieve sea blanca debe mostrar un gusto mórbido por la excentricidad… El trabajo de los científicos del futuro es perfeccionar esas máximas y calcular cuánto costará hacer que los alumnos crean que la nieve es negra, y cuánto costará convencerlos de que es solamente gris oscura.”

“Aunque esta ciencia se estudiará con diligencia, será estrictamente confinada a la clase gobernante.  Al pueblo no se le permitirá conocer que sus creencias fueron generadas. Cuando este método se haya perfeccionado, y haya habido una generación de control sobre la educación escolar, el gobierno tendrá la capacidad de controlar a sus sometidos firmemente, sin necesidad de ejército o policía.”

En 1950, Russell recibió el premio Nobel de Literatura “en reconocimiento a  su variada e importante narrativa, en la cual defiende los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento.”

Ummm… quizás fuera un error…

Bertrand Russel, el rey del chiste

Tuerto 9